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Comienza el viaje

¡Gracias por estar aquí!

Esta soy, de aquí vengo, y a través de mis letras veo y entiendo mi realidad. Bienvenidos.

La buena compañía en una travesía hace que el camino parezca más corto. — Izaak Walton

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En toda generación…

Llega el momento en que en toda generación, buscamos ligarnos de alguna manera con las generaciones que nos antecedieron. Es entender de dónde venimos, y qué queremos dejar a las que vienen.

Es un testimonio solemne, que une fé, experiencias y sentimientos.

Una palabra, un platillo, el aroma. De pronto nos damos cuenta que estamos ligados al pasado y eso también los hace presentes, continuando las tradiciones, los momentos, los legados.

Estamos por celebrar la libertad, el derecho a pensar, a ser distintos, a luchar por lo que queremos y lo que deseamos transmitir al mundo que nos rodea, para que el día de mañana, los nuestros lo hagan también. Es momento de liberarnos del ego, y entender que con humildad y simpleza, las cosas salen mejor.

Dejar de juzgar. Acompañar. Entender. Estar.

Insisto en que no todo tiene un solo color. Hay nuevos comienzos, nuevos momentos, nuevas experiencias. Y se vale reconsiderar y volver a comenzar. Se vale aceptar los errores de los demás, y si realmente están en nuestro corazón, ayudarlos a entenderlo y apoyarlos en su camino, no cerrarles la puerta y juzgar.

A veces… el cariño que sentimos por los demás, por quienes ocupan nuestro corazón, nos hace querer protegerlos y llevarlos de la mano por el camino que nosotros consideramos correcto. Y cerramos los ojos a las posibilidades, a los nuevos comienzos. No vemos posibilidad de nuevas oportunidades.

Por evitarles lo que nosotros consideramos que los dañará, no los dejamos ser, ni tomar sus propias decisiones.

La libertad…. de decidir y estar. La libertad de traer los recuerdos y evocar la presencia de los que nos dieron vida, valores y tradiciones. Su memoria vive, y están dentro de nosotros.

En cada generación…. bejol dor vador. Continuidad, esperanza, evocación.

Aquí están conmigo. Agradecida y con el corazón lleno de orgullo y de recuerdos.

Jag Pesaj Sameaj!!

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Las palabras

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Las palabras nos quitan… y las palabras nos dan. 

Nos quitan a quienes ya no desean estar a nuestro lado y nos retiran de su entorno.

Y nos dan de vuelta a quien quiere regresar y seguir estando.

Resulta curioso el temor que nos causa tener que hacer uso de las palabras para decir lo que sentimos, lo que llevamos dentro y que es relativamente sencillo utilizar. Pero si lo juntamos con nuestros miedos, nuestros temores y nuestras expectativas, en ocasiones sencillamente no sabemos cuáles es prudente utilizar.

En ocasiones hay quien se va de nuestro lado sin decir una sola palabra. Nos dejan en la incertidumbre y la desolación. 

Pasa el sabio tiempo… y nos damos cuenta de todo lo que queremos decir. Y entonces, al tenor de la incertidumbre, volvemos a establecer el puente de la comunicación… y surgen las palabras. Aquellas que no dijimos, aquellas que pensamos, aquellas que guardamos.

A veces es demasiado tarde. Otras llegan a tiempo de cambiar el rumbo de las cosas, y dar paso a una nueva realidad.

Las palabras

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Breves

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Ansiedad…. que viene de lo inesperado

Nervios… provocados por la ansiedad.

Interrogantes… que surgen del silencio.

Complejidad… de las personas.

Miedo… a lo que pueda venir con las palabras.

Heridas…que se reabren momentáneamente.

Decisiones… que pueden cambiar vidas.

Caminos… que se vuelven a abrir.

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Dejando ir…

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Despedirse.

Palabra que involucra tantas y tantas cosas. Darte cuenta que las personas se van. Dejarlas ir.

Todos, en algún momento, hemos tenido que dar el paso, enfrentar las consecuencias de crecer, de madurar.

Percatarnos de que el tiempo ha llegado, y es cuando nos sentimos más vulnerables, más pequeños, y buscamos su protección.

Haber crecido de la mano de alguien, tener una figura que te guía. Quien siempre estuvo a tu lado, en lo bueno y en lo malo. Y de quien aprendiste la manera y los valores con los que quieres vivir.

La creencia de que permanecerán junto a nosotros por siempre.

Bendiciones que damos por sentado y que nadie nos prepara para el momento de dejar ir.

Difícil… muy difícil es ver cómo se va apagando la vida como una vela.

Y estar atestiguando cada paso, cada etapa… es más difícil aún.

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Congruencia

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Yo no sé por qué, cuando se trata de amistad, de sentimientos, de compartir, los seres humanos somos tan contradictorios. Afirmamos sentir y tener un lazo inquebrantable con alguien, pregonamos por todos lados nuestra ‘amistad’… y realmente no entendemos el significado.

Hay quienes se ocupan de hacer que los demás vean sus cualidades, su integridad, sus principios. Y son los primeros en criticar a quien nos lastima, a quien nos daña de alguna manera.

Sentimos entonces que hemos encontrado a alguien que nos respeta, nos defiende, está para nosotros, le interesa nuestro bienestar. Y nos abrimos, confiamos, entramos al juego y nos sentimos en libertad.

¿Y a la hora de dar? ¿A la hora de responder?

Pocos… muy pocos lo entienden y lo hacen. Actuar y no decir. Estar y no pregonar.

¿Por qué pedimos y no damos?

¿Por qué sentimos que ser amigos nos da el poder de preguntar, de inmiscuirnos en la vida del otro y asumir? Decimos lo que pensamos, y decidimos qué debe hacer el otro, basados en nuestras propias creencias. Y no nos ocupamos de ver lo que necesita esa persona, lo que está pidiendo, lo que quiere o siente que puede hacer.

No correspondemos. Es unilateral.

Hay quienes se llaman amigos por siempre… y solamente son amigos entre semana. De cuando su conveniencia les acomoda más.

Y a veces, esa falta de lealtad, de permanencia, de presencia, nos hiere mucho más. La ausencia y el silencio. La incongruencia entre hablar, ser y estar.

¿Amigos?

Pocos y buenos.

Y a agradecer.

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Gracias

En la soledad de la noche vino tu recuerdo. Uno tras otro, los momentos que vivimos se agolparon en mi mente y mi corazón. Te confieso que sentí un tremendo impulso de buscarte, rompiendo todo esquema, pero no tiene caso, no hay para qué hablar de algo que no sucederá. Todavía recurro a querer expresarte todo con mis letras, pero hoy se trata de poner un punto final.

Es mi alma la que está dejando salir estas palabras, que probablemente nunca leas, o que al menos, que ya no voy a hacer que lleguen a ti.

Pero no, soy más fuerte que un impulso, mi razonamiento tiene que ganarle al sentimiento, y en eso estriba precisamente mi reconstrucción.

Hoy me queda claro que fuiste quien renunció a nuestras promesas, cambiaste de prioridades, y caminaste hacia otro lado, soltando todo lo que prometiste y que pediste encarecidamente, y muchas veces, no hacer.

Me di completa y sin reservas, me entregué con el alma a un sueño, que ya terminó.

El dolor fue mucho y muy intenso, sentí cómo se me desgarró el alma y mi corazón quedó en pedazos, pero fue más difícil entender que todo ese sufrimiento vino al haberme enamorado de alguien que no existe, fuiste la hermosa, dulce y cruel creación de mi mente y de mi corazón.

El tiempo juntos fue como un sueño. Del cual me hiciste despertar. Me hiciste entender quién eres, y hoy elijo no permanecer en esa senda que emprendimos, y que abandonaste sin más.

Así, a mi tiempo, en mi momento.

Realmente pienso que no había necesidad de crear tanta incertidumbre, habiendo construido un muro de silencio cuando con palabras pudiste haber dejado las cosas en paz.

Por momentos ya no quiero hablar de ello, es volver a remover las heridas y sentir de nuevo el dolor. El tiempo me ha ayudado sin duda a que la intensidad del sentimiento sea cada vez menor, cada vez más lejana. Y sin necesidad de requerir tus palabras, que nunca llegarán, he comenzado a entender. He comenzado a sanar.

Hoy es mi momento de dar gracias. Por todo. Lo bueno y lo malo. Lo vivido y lo esperado. Lo creado y lo planeado.

Debo hacerlo por y para mí, porque debo cerrar y emprender mi vuelo.

Me di la oportunidad de amar, de experimentar sensaciones y momentos nuevos, de aventurarme en un camino desconocido que me hizo sentir en el cielo, pero la caída y la vuelta a la realidad han sido un fuerte golpe del que poco a poco, me estoy recuperando.

Que haya mucha luz en tu camino, que encuentres lo que buscas. Que logres definir realmente tus sueños y que tengas el valor de hacerlos realidad.

Gracias…al final.

T.

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Y un día…

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Hace un tiempo, una paloma se detuvo en un paraje hermoso y pacífico. Su belleza y tranquilidad la hicieron quedarse y comenzar a construir su nido en ese paraíso. Era bello, luminoso y le despertaba sensaciones y sentimientos que no recordaba que existieran. Todo era lindo, daba y recibía, y poco a poco, empezó a pensar en permanecer, en quedarse ahí y en dar y hacer todo lo que estaba a su alcance para que su nido fuera el más lindo, el más acogedor, el más hermoso. Era feliz.

Volaba por el cielo, y regresaba alegre al nido, sabiendo que era esperada, amada, que estaba en su sitio.

Sin embargo, el gusto le duró muy poco. De pronto el cielo se oscureció, comenzaron a soplar fuertes vientos, y empezó a temer.

Ese ya no era el sitio hermoso y bello en el que pensó que permanecería por siempre. Las tormentas la amenazaban, y no hallaba más su lugar seguro, su paz.

Por más que buscaba, no encontraba refugio, todo era desolación, temor, incertidumbre. La paloma estaba devastada, no daba crédito a la situación, no entendía qué había sucedido y no podía encontrar más esa belleza.

Comenzó a volar con problemas, sin fuerza, ya no sabía hacia dónde se dirigía. Su hermoso nido estaba solitario, destruido. Sentía una desesperación inusitada, no veía ya esa luz, no sentía la seguridad.

El sentimiento de bienestar, de alegría, se había transformado en temor, en inseguridad, en oscuridad. Algo había cambiado, se terminó la belleza y quedó solamente un vacío que no alcanzaba a entender, que no podía remediar por más que lo intentaba.

La desolación de la paloma me hace pensar en algunas personas que no tienen conciencia de daño, van por la vida y se detienen tan solo un instante junto a otros, iluminan su existencia y crean ilusiones y momentos bellos, pero en realidad, solamente piensan en ellos, y no se responsabilizan por el daño o el dolor que le pueden causar a los demás.

De pronto… se van hacia otro lado. Se retiran sin explicación, se repliegan y desaparecen.

Esa etapa está llena de dolor, de interrogantes y de respuestas derivadas de conjeturas, no de hechos. Pero es la única manera en la que pudo volver a comenzar. Y de cierta manera, es lo único que volvió a encaminar su rumbo.

La paloma tuvo que asumir que ese ya no era su sitio, y tuvo que moverse a construir su nido en otro paraje. No tiene otro remedio, pues de ella depende su propio bienestar y debe comenzar una vez más.

Tuvo que irse de ese nido, para cuidarse. Alejarse completamente para protegerse. Y sobre todo… cerrar puertas por doloroso que fuera. Tuvo que cuidarse y volverse a enfocar.

Amanece un día cualquiera. Las cosas caminan conforme a la nueva rutina.

Y de pronto algo rompe la armonía. Algo impensable sucede, y el orden se vuelve desorden. El dolor resurge y no se sabe cómo actuar. Responde movida por el dolor, con incredulidad y mucha confusión.

La paloma se detiene. Respira. Asume. Cierra.

Y sólo entonces… la paloma comienza a sanar.